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Amalgama de ideologías encumbra al próximo presidente México

Simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador sostienen una bandera mexicana en la plaza principal de Ciudad de México el domingo 1 de julio de 2018. (AP Foto/Moises Castillo)

Por MARÍA VERZA

CIUDAD DE MÉXICO, México (AP) — A sus 66 años, Diamil Vera no esperaba ver algo así. Sonreía hasta con los ojos, en medio del festejo por la victoria de Andrés Manuel López Obrador. “Estoy muy contento”, decía con hablar pausado entre los gritos desaforados de la gente.

Viéndole escuchar apasionado el primer discurso del que será el próximo presidente de México en el corazón de la capital mexicana, enjuto, con su gorra, su bastón y una mochila a la espalda, pocos podrían pensar que este experto en relaciones comerciales fue uno de los votantes que llevó al poder a Enrique Peña Nieto, el mandatario cuyo mensaje fue imposible escuchar en el parque de la Alameda opacado por los gritos de “asesino, asesino” o “ladrón”.

En 2012, a Vera le gustó la apuesta del PRI por el desarrollo y el crecimiento económico. Seis años después, este antiguo trabajador del sector público y privado se sintió traicionado por los malos resultados en seguridad, corrupción y gobernabilidad y optó por la “tenacidad y la empatía” de quien considera todo un líder.

“Supo comprender a todos y levantarnos nuevamente como nación”.

Vera no es una excepción. Entre los millones de personas que votaron por López Obrador el domingo no hay solo seguidores de MORENA, el movimiento izquierdista que fundó hace más de cinco años y que dejó tiritando a la izquierda tradicional mexicana del Partido de la Revolución Democrática (PRD), sino también una amalgama de personajes de distintas ideologías: desde expresidentes del derechista Partido Acción Nacional (PAN) hasta miembros del aún oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Unidos por el hartazgo y el compromiso de acabar con la corrupción, durante la medianoche del domingo todos coreaban al unísono el “Cielito Lindo” a ritmo de mariachis.

Lo mismo celebraba un empresario norteño, Alfonso Romo, asesor del tabasqueño y amigo del que fuera el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, que un mesero del estado de Morelos que no pudo votar porque su turno era más largo que el horario de apertura de casillas.

Muchos apenas podían contener la emoción al ver culminar 12 años de esperanzas truncadas. Esta no era la primera vez que López Obrador buscaba la presidencia y desde 2006 muchos creyeron rozar la victoria aunque ésta se resistió por el 0.56% de los votos. Otros aplaudían cuando hablaba de defender a los migrantes que están en Estados Unidos, de luchar por los pueblos indígenas y escuchar a las víctimas de la violencia y se quedaban más perplejos cuando se refería a la independencia del Banco de México o los acuerdos por multinacionales. Todos, sin embargo, cantaron el himno nacional en varias ocasiones.

La alegría no es un cheque en blanco. En el cierre de su campaña en el Estado Azteca, un seguidor le recordaba a gritos que no fuera ladrón justo después de vitorearle. Y el domingo, después de conocer la victoria y mientras esperaban su primer discurso, comenzó un recuento del 1 al 43 –por los 43 estudiantes desaparecidos en 2014– cerrado con el grito de “Justicia”, todo un mensaje de que la impunidad no será aceptada.

Simpatizantes de los dos extremos del espectro político coincidieron en decir que a López Obrador se le han sumado corruptos.

“Ése es mi miedo”, afirmaba Miguel Ángel Aldama, del estado de Puebla y quien toda su vida votó por la derecha y ahora milita por el Partido Encuentro Social (PES), de los evangélicos.

Sin embargo, creen que el tabasqueño podrá con ello. “Se ha sumado gente corrupta, pero si la cabeza no lo es y pone orden, van a tener que alinearse”, decía Azul Bardabé, licenciada en Historia de 35 años.

López Obrador, el político de 64 años al que le costó tres intentos llegar a la presidencia, contestaba a todos con una frase repetida durante los baños de masas de la noche electoral y que podía leerse a sus espaldas durante su primer discurso: “No les fallaré”.

“Siempre es difícil amalgamar la diversidad ideológica y eso crea incertidumbres, pero si algo sabe Andrés Manuel es eso”, sentenció Diamil Vera, feliz y reflexionando camino a su casa sobre el mensaje de reconciliación que acababa de escuchar. “Es lo que yo esperaba”.

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