Estás aquí

Pacto con México dificulta intento de reestructurar el TLCAN

PORTADA – El representante comercial de EEUU Robert Lighthizer, al frente a la izquierda, y el secretario de Economía de México, Idelfonso Guajardo, llegan a la Casa Blanca, el lunes 27 de agosto de 2018. (AP Photo/Luis Alonso Lugo)

Por PAUL WISEMAN

WASHINGTON, D.C. (AP) — Pese al acuerdo con México, abundan las dificultades para hacer que los intentos del presidente Donald Trump de reestructurar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte produzcan un pacto más favorable a los trabajadores estadounidenses.

Canadá, estrecho aliado de Estados Unidos y su segundo mayor socio comercial, quedó excluido del acuerdo preliminar que Trump acaba de lograr con México y está en apuros para permanecer en el pacto norteamericano y evitar aranceles estadounidenses sobre sus vehículos.

En comparación México, que paradójicamente ha sido blanco de numerosas ofensas por parte del actual presidente estadounidense, logró un acuerdo preliminar a fin de reemplazar al TLCAN con uno que entre otras cosas, traslade más puestos de empleo de manufactura a Estados Unidos.

Al anunciar el acuerdo el lunes, Trump declaró que debería llamarse el “Tratado Comercial entre Estados Unidos y México”, intencionalmente absteniéndose de mencionar a Canadá.

La ministra de relaciones exteriores canadiense Chrystia Freeland viajo inmediatamente a Washington para tratar de reparar el daño y se reunió el martes con el presentante comercial estadounidense Robert Lighthizer.

Freeland aseguró que tuvo “una conversación muy buena, muy productiva con Lighthizer sobre maneras de reestructura el TLCAN. Ambas partes comenzarán a negociar los detalles a partir del miércoles.

Lighthizer tiene pensado notificarle al Congreso el viernes sobre el acuerdo con México. Con ello comenzaría una cuenta regresiva de 90 días que le permitiría al presidente saliente Enrique Peña Nieto firmar el nuevo pacto antes de dejar el cargo el 1 de diciembre. Si Peña Nieto no llega a firmarlo, la decisión quedaría en manos del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, quien quizá desearía reiniciar las negociaciones, complicando las posibilidades de un nuevo acuerdo.

Intensificando la presión sobre Canadá, Trump amenazó el lunes con imponer aranceles sobre los automóviles hechos en Canadá, lo que según analistas tiene en aprietos al gobierno canadiense.

Canadá está negociando “bajo la amenaza de tarifas sobre la venta de vehículos y la demolición del TLCAN”, opinó Philip Levy, analista del Consejo de Chicago para Política Internacional y quien fue asesor comercial para la presidencia de George W. Bush.

El gobierno estadounidense afirma que el plazo no es tan estricto como parece. Tras avisarle al Congreso sobre el nuevo acuerdo, tiene 30 días para divulgar al público una copia del texto completo.

“Ello quiere decir que tienen espacio de maniobra” para afinar los detalles y meter a Canadá en el nuevo bloque comercial norteamericano, dijo Levy.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, se manifestó optimista el martes.

“Nuestro objetivo es subir a Canadá a bordo rápidamente”, dijo Mnuchin al canal CNBC. “No creo que hay muchos puntos de discordia”.

Grupos empresariales y legisladores desde ya le están advirtiendo al gobierno de Trump que debe incluir a Canadá, y le han recordado que cuando le avisó al Congreso el año pasado de sus intenciones de renegociar el TLCAN, había dicho claramente que incluiría tanto a México como a Canadá. No queda claro ni siquiera si el equipo estadounidense tiene la autoridad de firmar un acuerdo separado con uno solo de esos países y el Congreso, que en todo caso tendría que ratificar cualquier tratado, podría negarse si éste excluye a Canadá.

“No creo que jamás he visto algo así”, dijo Stephen Orava, abogado de la firma King & Spalding que se especializa en asuntos comerciales. “La trayectoria, tanto legal como política, es mucho más complicada que eso, hay muchos más obstáculos que superar”.

Tras su implementación en 1994, el TLCAN acabó con la mayoría de las barreras comerciales entre Estados Unidos, Canadá y México y el comercio entre esos tres países saltó. Pero muchas empresas de Estados Unidos trasladaron sus instalaciones al sur de la frontera para aprovechar la mano de obra barata, y los productos finalizados eran enviados a Estados Unidos.

En su campaña presidencial, Trump arremetió una y otra vez contra el traslado de empleos a México y contra el déficit comercial que Estados Unidos tiene con ese país: 69.000 millones de dólares el año pasado.

El acuerdo logrado esta semana busca cambiar ese esquema, y hacer que algunos empleos del sector manufacturero regresen a Estados Unidos. Entre otros aspectos, el acuerdo estipula que entre el 40 y el 45% de cada vehículo sea fabricado en un país donde el salario mínimo es de por lo menos 16 dólares la hora. Los obreros en las plantas mexicanas ganan en promedio poco más de 5 dólares la hora, mientras que el Estados Unidos la cifra es de casi 22 dólares la hora.

Entonces, si según Trump el gran problema era México, ¿cómo es que Canadá terminó siendo el país excluido?

Al fin y al cabo Canadá es uno de los pocos países industrializados que le compran más bienes y servicios a Estados Unidos que lo que le venden. (El año pasado estados Unidos registró un leve superávit comercial con Canadá, de casi 3,000 millones de dólares).

Además, Estados Unidos y Canadá son aliados históricos, que lucharon hombro a hombro en varias guerras, desde la Primera Guerra Mundial hasta la invasión de Afganistán. Son tan cercanos que los creadores de “South Park” produjeron una película cómica basada en la absurda premisa de una guerra entre los dos vecinos.

Pero hay discrepancias. Estados Unidos se queja de que Canadá vende madera en Estados Unidos a precios por debajo del mercado y aplica aranceles para proteger su industria láctea. Ambos son temas que muy probablemente serán discutidos durante la visita de Freeland.

Debido al estilo bombástico de Trump, “hay que tener un villano o algún drama, y ese villano ahora es Canadá”, dijo Laura Dawson, directora del Instituto de Estudios Canadienses en el centro de investigaciones Wilson.

El lunes, Trump nuevamente acusó a Canadá de imponer aranceles de casi 300% a los productos lácteos estadounidenses.

“Eso no lo vamos a tolerar”, declaró el mandatario, aunque en realidad Estados Unidos impone enormes aranceles también: de 350% para los productos de tabaco, por ejemplo, y 160% sobre el maní.

De hecho, los aranceles no son un gran problema entre Estados Unidos y Canadá, pues el TLCAN los eliminó casi todos.

En cierta manera, la discordia entre Estados Unidos y Canadá parece ser algo personal entre Trump y el primer ministro canadiense Justin Trudeau. Tras una cumbre del Grupo de los Siete en junio, Trump se enfureció porque Trudeau expresó en conferencia de prensa que no iba a aceptar conductas abusivas de Estados Unidos.

El asesor comercial estadounidense en ese entonces agravó las tensiones afirmando que “hay un lugar especial en el infierno” para Trudeau, aunque luego se arrepintió de sus palabras.

Además, Canadá parece menos dispuesta que México a aceptar una reestructuración del TLCAN como la que quería Trump.

“Canadá estaba muy contenta con el estatus quo”, dijo Christopher Sands, director del Centro de Estudios de Canadá en la Universidad Johns Hopkins. En comparación México “está muy consciente de que el TLCAN es la mejor manera de salir de su estatus de país en desarrollo … Estaban dispuestos a hacer lo que sea para mantener un acuerdo”.

El martes no hubo avances significativos en el diálogo Canadá-Estados Unidos, pero Orava afirmó que “hay flexibilidad de parte y parte” aunque también admitió “serán unos días bastante intensos”.

Artículos relacionados

%d bloggers like this: