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Día de los Muertos: Flores, altares y calacas definen tradición ancestral

Por HUGO MARÍN

hugomarin76@gmail.com  

PITTSBURGH, Pensilvania (LJL) — Una de las tradiciones mexicanas que más ha sido adoptada aquí en los Estados Unidos, es el Día de los Muertos.

Su significado y práctica parece llegar un poco distorsionada a quienes no conocen de cerca la cultura mesoamericana.

Para fiestas de “Halloween”, los disfraces referentes a esta celebración son abundantes, se han producido películas de Hollywood, y el arte representativo de las calaveras ha sido popularizado por jóvenes, convirtiéndose en un emblema relacionado a modas de rock and roll.

El fenómeno del Día de los Muertos en la cultura popular estadounidense ha sido eje de controversia y de conversación entre académicos e hispanos en general, preocupados por la problemática generada por la apropiación cultural.

Sin embargo, para muchos, esta tradición, sigue siendo una celebración de oración, reflexión y recordación de esos seres queridos que se nos han adelantado.

El origen del Día de los Muertos data de hace cientos de años, y se remonta a una antigua ceremonia azteca dedicada a la diosa Mictecacihuatl.

Según historiadores, en tiempos previos a la colonización, el Día de los Muertos se festejaba a principios de verano.

Con la llegada del cristianismo y la introducción del “Día de los Santos”, ambas tradiciones fueron gradualmente fusionadas y por ende cambia la fecha de la celebración.

Originalmente, la práctica se centraba en el área sur de México, y aún a mediados del siglo pasado, la tradición era bastante desconocida en el norte del país.

No obstante, para honrar la cultura indígena, el gobierno mexicano, creó una iniciativa que convirtió el Día de los Muertos en un feriado a nivel nacional.

La festividad no solo se limita históricamente a México, con una esencia y práctica similar, también es una tradición centenaria en países como Belice y Guatemala.

Además existen otras versiones culturalmente respectivas a su región en Ecuador, Perú y Bolivia.

A medida que la diáspora mexicana ha recorrido el mundo, el Día de los Muertos es respetuosamente observado en tierras lejanas como Fiji, Indonesia, Nueva Zelanda y Praga, Tomando una medida para honrar y proteger la festividad, el 7 de noviembre de 2003, la UNESCO incluyó el Día de los Muertos en su lista  de Patrimonios de la Humanidad, como “Obra Maestra Oral e Intangible de la Cultura”.

En la proclamación, se destaca que “el Día de los Muertos es una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, y como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor fuerza entre los grupos indígenas del país”.

De igual formam se deja muy claro que “ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados, desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad, aunque la tradición no está formalmente amenazada, su dimensión estética y cultural debe preservarse del creciente número de expresiones no indígenas y de carácter comercial que tienden a afectar su contenido inmaterial”.

El Día de los Muertos es un legado muy hermoso y digno.

Nos ofrece la oportunidad de compartir espiritualmente con aquellos seres queridos que ya no están para dejarles saber cuánto les extrañamos, recordamos y respetamos, mientras que podemos rendir honor a nuestros ancestros, enseñando a los más pequeños, su historia cultural y familiar.

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