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Madre inmigrante describe experiencia tras pedir asilo

“Ahora mi niño va a la escuela, espero que me llegue el permiso laboral y estoy lista para trabajar y poder ayudar a mi familia. Mi decisión no era venirme para acá, porque no he estudiado, no hablo el idioma, pero Dios no me ha desamparado”. - Ilba Lisbeth Ramírez (LJL/Patricia Ruiz)

Por PATRICIA RUIZ, La Jornada Latina

patriciaohio54@gmail.com

COLUMBUS, Ohio — Durante este 2018 ha sido una de las principales noticias la llegada de inmigrantes que vienen desde Centroamérica, huyendo de la pobreza y la violencia que viven estos países.

La Jornada Latina conoció el caso de Ilba Lisbeth Ramírez, inmigrante de origen guatemalteco que llegó a Columbus con su pequeño de nueve años y como ella dice: “miles de personas de todas las condiciones no solo físicas, de todas las edades”, han llegado a la frontera de México con Estados Unidos sin documentos buscando asilo para lograr entrar al país y algunos quieren pisar suelo estadounidense de la forma que sea por los puertos de entrada o siendo detenidos por cruzar ilegalmente.

Al entrar al país, quienes son detenidos por la oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CPB, por sus siglas en inglés) enfrentan el arresto, la deportación inmediata y en algunos casos logran ser conducidos por estos agentes para formar parte de la larga lista de peticiones de asilo.

Antes de solicitarlo deben hablar con un agente de CPB que determinará si es real el peligro que enfrenta el indocumentado al regresar a su país.

Luego, son detenidos y llevados a albergues, después sigue la entrevista de “miedo creíble”, donde son interrogados, por agentes de la Oficina de Ciudadanía y Servicios de Inmigración (USCIS).  

Si el inmigrante trae consigo las pruebas y demuestra los peligros, persecuciones y torturas que los motivaron a abandonar su país, en ese momento se presentan ante un juez de inmigración para solicitar el asilo en Estados Unidos.

Además, la persona queda detenida mientras su caso es estudiado y debe estar en constante vigilancia, por eso les colocan un grillete electrónico, porque serán monitoreados todo el tiempo por Inmigración.

Debe atender audiencias en corte hasta el momento que el juez determine cuál es su caso.

Ramírez salió de Guatemala por ser perseguida y sufrió intento de asesinato, llegó a México donde estuvo por un año, pero Inmigración la detuvo y la regresaron a su país.

Al llegar a su casa -después de la deportación- recibió una nota enviada por sicarios que decía “Bienvenida pero ahora vas a ver como muere tu hijo el que traes a tu lado” y ese es el niño que tiene ahora con ella acá.  

Allí estuvo solo un mes pues en enero del 2017 ya estaba en México.

“Una amiga nacida acá en Estados Unidos me ofreció ayuda para recibirme en California. Pagué 7,000 dólares y al cruzar el río fui retenida por un agente de Inmigración quien nos ordenó levantar los brazos, el agente hablaba español, dijo que no nos asustáramos que ya estábamos a salvo y que esa era su obligación”.

Ramírez ha seguido todos los pasos y las indicaciones dadas por Inmigración; tuvo un grillete que se lo quitaron recientemente y ahora espera el permiso de trabajo.
La Jornada Latina corroboró que al hacer la solicitud de asilo adjuntó pruebas, documentos y testimonios de su real situación en el país de origen.

Ha cumplido con todos los pasos y normas requeridas por Inmigración, como traer su pasaporte, no trabajar y no se ha movido de la casa sin dejarle saber al oficial encargado de su caso.

Contó que la separaron de su niño al entrar al país.

“Lloré y a cada agente que veía le imploraba que me dejaran con mi niño, de quien estuve separada siete horas hasta que me lo entregaron. En el albergue dormíamos juntos en el suelo, y tapados con papel metálico. Solo comía jugo y un pan…estábamos en jaulas”.

Estuvo en McCallen, y en Houston pasó a una casa hogar.

“Podíamos hacer ejercicio, nos daban terapias, buena comida estuve varios días, de allí me mandaron en un bus para Columbus. Al llegar a Ohio recibí instrucciones muy claras de los agentes, que no podía salir, y si necesitaba debía llamar al oficial encargado del caso. Me advirtieron que si me enfermo la ciudad tiene clínicas de bajo costo, que no le puedo poner cargos al gobierno”.

Ilba Lisbeth Ramírez todavía tiene pendiente la cita en Cleveland.

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