¿A dónde van nuestros reciclados?

Fotografía del proceso de separación en un centro de reciclaje. (NPR.org)

Por CLAUDIA LONGO, La Mega Nota

claudia_cle@yahoo.com

 

Cada día, como en muchos hogares de los Estados Unidos, tomamos la decisión de reciclar nuestra basura. 

Cuidadosamente clasificamos todo, según las normas de la cuidad en la que vivimos.

Enjuagamos los plásticos y las botellas de vidrio para quitarles los residuos de alimentos, separamos los metales, doblamos las cajas de cereales y el cartón en el que vienen los envíos de los productos que compramos. 

Lo hacemos porque es nuestro deber como ciudadanos conscientes de las consecuencias de la contaminación y el daño que ocasionan nuestros desechos al planeta en el que vivimos, la llamada huella ecológica. 

Reciclar nos hace sentir bien, es nuestra pequeña contribución a mejorar las condiciones de nuestro planeta. 

¿Pero todo ese esfuerzo que realizamos cada día en nuestros hogares es realmente efectivo? Lamentablemente la respuesta es un poco desalentadora.

Durante décadas, enviamos la mayor parte de nuestro reciclaje a China.

Toneladas y toneladas viajan en barcos para que se convirtieran en zapatos, bolsos y nuevos productos de plástico. 

El año pasado, China restringió las importaciones de ciertos materiales reciclables, como papel mezclado (revistas, papel de oficina, correo basura) y la mayoría de los plásticos. 

Las empresas de gestión de residuos en todo el país le están diciendo a las ciudades y a los condados que ya no hay un mercado para su reciclaje. 

Estos municipios tienen dos opciones: pagar tarifas mucho más altas para deshacerse del reciclaje, o deshacerse de todo, o sea que el total de la basura terminaría en nuestros suelos y océanos.

Uno de esos costos es el del medio ambiente: cuando los desechos orgánicos se asientan en un relleno sanitario, se descompone, emitiendo metano, lo que es malo para el clima.

Los rellenos sanitarios son la tercera fuente de emisiones de metano en el país. 

La otra opción es quemar la basura. 

La quema de plástico puede generar algo de energía, pero también produce emisiones de carbono. Y aunque muchas instalaciones de incineración se autodenominan como plantas de “desperdicio de energía”, los estudios han encontrado que liberan más sustancias químicas dañinas, como mercurio y plomo, al aire por unidad de energía que las plantas de carbón.

Y como las ciudades ahora están aprendiendo, el otro costo es financiero. 

A los Estados Unidos todavía le queda una buena cantidad de espacio para vertederos, pero es costoso enviar desechos a cientos de millas. 

Algunos vertederos están aumentando los costos para hacer frente a todos estos residuos adicionales.

Según una estimación, a lo largo de la costa oeste, las tarifas de los vertederos aumentaron en $8 por tonelada desde 2017 hasta 2018. 

Algunos de estos costos ya se están transfiriendo a los consumidores, pero la mayoría todavía no lo han hecho.

Alrededor del 25 por ciento de lo que termina en los contenedores azules está contaminado, según la Asociación Nacional de Residuos y Reciclaje. 

Durante décadas, hemos estado tirando casi todo lo que queríamos (perchas de alambre, cajas de pizza, botellas de ketchup y envases de yogur) en el contenedor y enviándolo a China, donde los trabajadores de bajos ingresos de ese país lo revisaban y lo limpiaban. Eso ya no es una opción. En los Estados Unidos, al menos, rara vez tiene sentido contratar personas para revisar nuestro reciclaje, de modo que pueda convertirse en nuevo material, porque los plásticos vírgenes y el papel son aún más baratos en comparación.

La viabilidad del reciclaje varía enormemente según el lugar.

San Francisco puede reciclar su vidrio en botellas en seis semanas, según Recology, mientras que muchas otras ciudades encuentran que el vidrio es tan pesado y se rompe tan fácilmente que es casi imposible transportarlo a un lugar que lo recicle. 

Akron, Ohio, es solo una de las muchas ciudades que han terminado con el reciclaje de vidrio desde que se modificó la política de China.

El objetivo de las ciudades es encontrar la manera de reciclar localmente la basura a un costo mayor que eventualmente será pasado al ciudadano. 

Educar a la población debe ser parte del plan, ya que no separar correctamente el reciclaje significa que le llevará mayor tiempo al trabajador en la planta y eventualmente, si la basura está muy mezclada, se termine tirando al vertedero.

La mejor opción es la de disminuir el uso y consumo de materiales que sean difíciles de reciclar, mantener nuestra propia taza viajera de café o botella de agua reusable. 

También evitar el plástico de un solo uso como bolsas de supermercado, comprar localmente y reusar lo más posible, extendiendo la vida útil de los contenedores donde vienen los alimentos, tal como hacían nuestras abuelas con el tarro de mantequilla, helado o yogur.

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