Quinceañeras, una tradición inmigrante

ÁNGEL LOMBERT   

angel.lombert@lamegamedia.com 

FAIRFIELD, Ohio  — Celebrar los 15 años de las jovencitas es una costumbre desde las antiguas culturas, simbolizando el cambio o transición a la vida adulta con sus responsabilidades.

Estas tradiciones culturales estaban limitadas hasta la llegada de los españoles que eran católicos. Incluyeron celebrar también una misa en el siglo XIX y fue el emperador Maximiliano  y su esposa Carlota de México, quienes agregaron  vals y vestidos.

Ya en estos tiempos más modernos donde se promueven diferentes culturas y tradiciones, el festejo de las quinceañeras es también un acto social y religioso para honrar ese paso de la niñez a la adolescencia.

Es el gran día con el que siempre sueñan muchas jovencitas de la comunidad hispana/latina, así como lo hizo Briana María Esquivel Luna, estudiante de Hamilton High School, quien piensa en una carrera de cosmetología como profesión.

“Briana, es muy dedicada”, dijo a La Mega Nota, su madre, Juana Luna.

Con sus padres Juana Luna y Ricardo Esquivel, sus abuelos Juan Luna y Adela Corona, sus hermanitos Brian Esquivel de 12; Carlos Luna, de 10 e Isabella González, de 4, esperaron este día para celebrarlo, reservando con anticipación cada detalle de lo que serían sus mágicos XV.

Todo fue preparado maravillosamente y Briana lucía como una verdadera princesa, pero lo más importante era la bendición de Dios.

Su celebración empezó con una misa, en la iglesia San Carlos Borromeo, en Cincinnati, Ohio, con los consejos del sacerdote peruano, Rodolfo Cuaquira, especialmente dando gracias por su niñez y aclamando buena dirección para su futuro.

Luego, llegó el momento esperado.

Una gran fiesta en un local decorado con detalles únicos, ubicado en Joyce Park, en la ciudad de Fairfield, con todos los invitados.

Siguiendo las tradiciones, Briana entró acompañada por sus chambelanes y su madre Juana Luna le colocó una corona.

Su padre Ricardo Esquivel le hizo el cambio de zapatillas y Yesenia Corona, la madrina, le entregó su muñeca para ese último paseo.

Continuaron las presentaciones y agradecimientos, luego los bailes de salón  y coreografías.

Todos los invitados compartieron esta tradición que ahora es parte del tesoro cultural hispano/latino de la nación estadounidense.

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