Dayton, semanas después de la tragedia

ELVIA SKEENS    

eskeens@lamegamedia.com 

DAYTON, Ohio — La tarde del domingo 18 de agosto de 2019, casi anocheciendo, la Quinta Avenida, del histórico distrito de Oregon, se sentía tranquila.

La gente caminaba despacio, y se detenía frente a la entrada del bar Ned Pepper’s, ubicado en el 419 E, junto a otro negocio que promocionaba, entre diseños de tatuaje, los populares tragos de vodka de Tito, mezclados a mano.

Justamente al lado de ese cartel, dibujado con tiza, por más de una semana permanecieron alineadas nueve cruces de madera, pintadas de blanco, con el nombre de  Saeed Saleh, Lois Oglesby, Derrick  Fudge, Logan Turner, Monica Brickhouse, Nicholas Cumer, Beatrice Warren-Curtis, Thomas McNichols y Megan Betts.

La última de esta lista, era la propia hermana de Connor Stephen Betts, el autor de la masacre que llenó de luto al estado de Ohio, al día siguiente del tiroteo masivo en una tienda Walmart, en El Paso, Texas, donde 22 personas perdieron la vida.

Todas esas cruces blancas, alineadas en la acera, se convirtieron en el segundo de cuatro “memoriales” improvisados que se instalaron para rendir tributo y recordar –por su nombre– a cada una de las víctimas, tal como lo expresó al público Greg Zanis, el carpintero de Aurora, Illinois que, por más de 20 años, se ha dedicado a crear con sus manos estas piezas, llevándolas a cada sitio donde se registran atentados fatales y otras tragedias en los Estados Unidos.

“Nadie se esperaba este momento; él simplemente salió desde la parte trasera del estacionamiento y empezó a cargar una por una las cruces.  Las fue alineando frente a este bar, dejó bolígrafos para firmarlas y luego fue colocando una rosa roja sobre cada una; nos dijo que quería que estos ángeles fueran recordados por sus nombres”, dijo a La Mega Nota, Annette Gibson, una abuela afroamericana de 60 años, quien se ofreció como vigilante voluntaria de los altares, ayudando a limpiar y organizar los arreglos florales, mensajes y detalles.

“No sabemos los planes concretos que tiene la ciudad para honrar permanentemente a estas vidas inocentes que perdimos. Lo que sí puedo asegurar  es que todavía no estamos listos para remover los altares, todos necesitamos tiempo para vivir el luto y mantener un sitio de homenaje, oración y reflexión”, explicó Gibson, quien perdió a su hijo de 19 años, víctima de un tiroteo, hace dos décadas.

“Después de una tragedia como esta, la vida de una familia jamás será igual; es un dolor que sale de lo más profundo del corazón y consume todo el espíritu; una cicatriz que nunca sana, y se vuelve a abrir con cada hecho de sangre. No hay palabras para describir ese dolor de una madre a quien de pronto le confirman que su hijo murió asesinado, sin explicación”, destacó  la voluntaria del altar que sentía la necesidad de permanecer ahí “para cuidar a sus ángeles”.

Gibson es parte del grupo de apoyo emocional,  “A Mother’s Cry”.

Las cruces se retiraron de la acera, después del último funeral, de acuerdo a oficiales de la Policía de Dayton que custidiaban el lugar.

“Aun no se tiene un plan concreto de homenaje permanente que creará la ciudad; el segundo memorial fue removido y reubicado en el principal, después del último funeral.  Es un paseo comercial transitado, y era necesario despejar esa parte de la acera. Todas las ofrendas siguen en el área frontal del bar; creemos que permanecerán por dos semanas más”.

Al sitio, también regresó, Sirprince Yahmeen, un joven de Cincinnati, Ohio que visitaba Dayton el mismo día de la tragedia.

“Estaba dentro del bar, al escuchar los disparos y ver la desesperación de la gente, tuve que correr con todo el grupo para buscar donde esconderme. Fueron los momentos más terribles de mi vida; doy gracias a Dios porque aún sigo aquí, ya que tal vez mi nombre estuviera hoy entre esos mensajes de duelo”, recordó Yahmeen.

Le tocó ver cuerpos tirados en el suelo, víctimas que se desangraban y a otros que les daban primeros auxilios.

Nunca olvidará esta acera, ni el pánico que vivió sabiendo que pudo haber sido una de las cruces, en las que se leyera su nombre. 

“Fue muy, pero muy duro. Ver los muertos y heridos en esta misma acera y la gente corriendo aterrada de un lado para otro, pero aquí regreso para ofrecer mi respeto a la memoria de aquellos que se fueron”, explicó.

La Quinta Avenida de Oregon también se convirtió en escenario peatonal de arte público.

Expresiones de condolencia todavía se encuentran en paredes, vitrinas, árboles y aceras.

Durante dos semanas, cajas con tiza de distintos colores, bolígrafos y otros materiales estaban al alcance, en cualquier rincón.

Mientras muchos llegaban se abrazaban y lloraban, sin creer ni aceptar lo que había sucedido, otros pasaban, tomaba las tizas y empezaban a pintar corazones en el piso, escribir #DaytonStrong y hasta crear murales; muchos que ya desvaneció la lluvia.

Lo que se conserva intacto, como el primer día, es el corazón pintado en metal, con letras de graffitti, creado -inmediatamente después de la masacre- por los artistas locales Nick y Etch.

Nick, experto en piezas de metal, cortó las partes y las soldó con bordes, para dar profundidad; y Etch, se inspiró con colores rojo y azul para pintarlo.

Ambos entraban y salían de Ned Pepper’s, pero casi nadie sabía que su inspiración de arte urbano era la pieza más nítida del altar.

“¿El azul recordará el cielo, el destino final; el rojo, la sangre que se derramó?”, se preguntaba una familia que tomaba fotografías.

“Fue una idea que vino de repente, algo que salió del corazón y justamente pensando en todos esos corazones destrozados por el dolor pensamos en la idea y la hicimos realidad. Es un momento muy triste/doloroso que nos ha unido como comunidad”, explicó  el pintor.

A las preguntas de La Mega Nota, Nick simplemente inclinó la cabeza, y dijo que no deseaba conversar del tema con los medios porque dolía.

En apoyo al recién creado Fondo para las Víctimas de la Tragedia de Oregon, la organización The Dayton Foundation, ofrecía, a cambio de donaciones, camisetas impresas con la frase “Dayton Strong”, unas que en color azul y rojo, como la obra de Etch y Nick, llevaron con honor Glynn Hall y Jamie Thompson, al visitar el memorial.

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