Corte Suprema permite denegar asilo

HUGO MARÍN         

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PITTSBURGH, Pensilvania  — En repetidas ocasiones, la Corte Suprema de los Estados Unidos ha tomado decisiones que favorecen los intereses del presidente Trump en asuntos relacionados con la frontera, reforzando sus esfuerzos para construir un muro y rechazar a los migrantes que buscan asilo en la frontera sur.

El último ejemplo de esta tendencia se produjo semanas atrás, cuando el tribunal emitió una orden no firmada permitiendo que la nueva y estricta política de asilo permaneciera vigente mientras continúan las batallas por su legalidad.

La nueva regulación es esencialmente un rechazo generalizado a los solicitantes de asilo que pasan por México antes de llegar a la frontera sur, negando la entrada a casi todos los migrantes centroamericanos, que constituyen la mayoría del reciente aumento de los cruces fronterizos.

La orden incluyó una discrepancia de dos de los jueces liberales de la corte, quienes argumentaron que esta reflejaba un cambio más amplio en la forma en que la corte maneja esta situación durante la administración Trump.

Este nuevo espaldarazo a la Casa Blanca, ocurre a poco más de un mes después de que el tribunal respaldara la decisión de Trump para desviar $2.5 mil millones en fondos militares para construir su muro fronterizo, un punto que fue foco de su primera campaña presidencial, y la cual es de vital importancia para el presidente cuando discute su oferta de reelección.

Ambas decisiones resaltan cómo la Corte Suprema –que incluye a dos jueces nominados por Trump y confirmados por el Senado controlado por el Partido Republicano– ha sido una parte clave en los esfuerzos del presidente para modificar las leyes de inmigración.

Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, ambos fueron eje de intensas audiencias de confirmación en medio de una dura oposición demócrata, quienes temían que estos jueces pudieran estar parcializados con la agenda de Trump.

Esos nombramientos han sido particularmente controversiales debido a la decisión del líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell para impedir que el ex presidente Obama designara al más liberal, Merrick Garland para el puesto que ahora ocupa Gorsuch.

Los nombramientos de Gorsuch y Kavanaugh han cambiado la corte decididamente a favor de los conservadores.

De igual forma, la relación entre las cortes en general y la administración federal también ha cambiado.

Trump, el vicepresidente Pence y el fiscal general William Barr han criticado a los tribunales menores en varias instancias por usar los mandatos a nivel nacional para detener las políticas administrativas, y el presidente ha abiertamente acusado a sus opositores de ir a la corte en busca de fallos favorables.

Sin embargo, la administración actual ha seguido la estrategia poco convencional de buscar el apoyo de la Corte Suprema para permitir que su agenda de inmigración avance sin obstáculos.

La creciente dependencia de esta administración en la Corte Suprema para promulgar su agenda de inmigración, se produce en momentos cuando los tribunales menores han bloqueado acciones como la rescisión del programa de DACA.

Las decisiones sobre el asilo y el muro fronterizo son probablemente algunas de las leyes de inmigración en las que la Corte Suprema podrá desempeñar un papel durante la presidencia de Trump.

Por ejemplo, este otoño el tribunal se prepara para abordar el debate sobre DACA, el cual otorga estatus a miles de inmigrantes que vinieron a los Estados Unidos como menores.

Después de ser anunciada la resolución del Supremo, Ur Jaddou, ex abogado principal de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS), dijo en un comunicado de prensa, que “cada vez es más claro que esta Corte Suprema acepta las solicitudes políticas de Trump en lugar de proteger sus principios fundamentales de independencia como una tercera rama, gobernada por el estado de derecho e imparcial a los caprichos de la política”.

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